Enemigo silencioso: Los pelígros de consumir mucha sal

La sal común tiene dos componentes principales: cloro y sodio y éste es el elemento clave para la salud porque propiedades higroscópicas, es decir, es capaz de retener el agua. ¿Cuál es su tan nocivo efecto sobre la salud que lo convierte en un villano de la alimentación? El aparato cardio-vascular que poseemos los seres humanos es un circuito cerrado, compuesto por un sistema cuya bomba es el corazón y una red de tuberías que son las arterias, las venas y los capilares.
A su vez esta “máquina” tiene un filtro que son los riñones y un sistema de ventilación que son las glándulas sudoríparas que regulan no solo el líquido, sino también la temperatura corporal.
Cuando comemos más sal de lo que el organismo necesita, lo que sucede en general es un incremento de la cantidad de líquido, que a su vez conlleva un aumento en la presión del circuito. Esto se traduce clínicamente por un aumento de la presión arterial.
Este aumento sostenido de la presión arterial se conoce como hipertensión arterial. Sólo en Estados Unidos, se calcula que más del 25 por ciento de la población está azotada por este problema.
La hipertensión trae innumerables consecuencias peligrosas para la salud. Ataca a los llamados órganos blancos: el corazón, los riñones, el cerebro y los ojos.
Está estadísticamente demostrado que las principales causas de muerte en los países desarrollados tienen que ver con las enfermedades cardíacas y los accidentes cerebro-vasculares. Uno de sus promotores es la silenciosa hipertensión arterial.
Decimos silenciosa porque en una buena parte de los casos no da ningún tipo de síntomas.
Las personas que la padecen no se quejan de ninguna dolencia y por lo tanto no consultan al médico.
Como cada vez se hace más hincapié en la medicina preventiva, en el caso de la sal, puede ser muy simple: con sólo disminuir la cantidad de su ingesta diaria o de reemplazarla por otros condimentos se soluciona el problema de la presión alta.
Es muy interesante un trabajo de los doctores Rodolfo La Greca, Guillermo Fábregas y Jorge Tartaglione de la Fundación Cardiológica Argentina, donde establecen una correlación del descenso de la presión arterial a partir de la disminución del consumo de sal.
Hasta hace unos años se aceptaba que el consumo de sal diaria para una persona sana o normal no debía sobrepasar los 4 gramos diarios, que es aproximadamente la cantidad contenida en una cucharita de té.
Hoy se procuran establecer valores inferiores a esa cifra. Incluso en el último Congreso Mundial de Hipertensión de hace unas semanas se hablaba de valores de consumo de sal que no sobrepasen los 2 gramos diarios.
El Departamento de Salud y Recursos Humanos de la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) estableció que “las dietas altas en sodio están asociadas con una alta prevalencia de hipertensión arterial y con un incremento de la presión con el paso de los años.
Como contrapartida, las dietas bajas en sodio están relacionadas con una menor prevalencia de hipertensión o con poco o ningún incremento de la presión con la edad.
Además al bajar la presión arterial se disminuyen considerablemente los riesgos asociados, como las enfermedades cardíacas y cerebro-vasculares”.
Es por esto que hay que alimentarse con la menor cantidad de sal posible, teniendo en cuenta que cualquier otro condimento o incluso sustitutos de la sal no tienen efectos perniciosos.
La sal ya no es lo que era como moneda de cambio y se ha colocado en la lista negra de los productos que usados en exceso atentan a la salud.
RESEÑA
De la sal deriva la palabra salario porque este codiciado condimento se utilizaba como pago de sueldos. La antigua costumbre de entregar la sal en la mesa y no en la mano deriva de cuando se pagaba con panes de sal: el empleador se lo daba al obrero en la mano y a veces por accidente el pan se rompía. ¿De quien era la culpa en ése caso? Para evitarlo se depositaba en la mesa y de allí era recogida.

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